tu vanidad,
indiferente
a la rosa desnuda de mis años.
Siempre,
tu mala fe,
buscando daño
para mi buen amor condescendiente.
Yo tengo un corazón loco y valiente
que soporta conforme tus engaños
y que tiene de grande los reaños
para aguantar tu burla eternamente.
Pero puede llegar un mediodía
que se acabe esta amarga letanía
de llorar y callar tanto cinismo,
tanto cinismo.
Que se encuentre otra boca con la mía
y me pierda en un bosque de alegría,
aunque a ti corazón, corazón,
te dé lo mismo, te dé lo mismo.
Te dé lo mismo.
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