¡Ay, mare, quién pudiera!
vestirse de esperanza
como la primavera.
Sufro con el desvalío,
sufro con el que no come,
sufro con el desvalío,
quien a mi puerta se asome
verá el arrepentimiento,
llorando por los rincones.
¡Ay, ay, ay!
Y les sobra la razón,
me llaman la Pecaora
y les sobra la razón,
pero arrastro esta condena
porque nadie me ayudó
cuando yo era tan buena.
¡Ay, ay, ay!
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