me das lo que te sobra,
tú siempre dices “luego”,
yo siempre digo “ahora”.
Yo siempre tengo un hambre
caliente de tu boca,
tú siempre la desgana,
bostezos sin aurora.
Igual que una medalla
que nunca estará rota,
yo estoy en una cara
y tú estás en la otra.
No sé... por qué,
al revorver una silla
quiso er destino juntarnos.
No sé... por qué,
era una noche divina
y ella debió de engañarnos.
No sé... por qué,
lo que nació para eterno
queda ya en triste batalla,
junto Gloria e infierno,
cara y cruz de una medalla.
No sé... por qué,
ay, no sé por qué.
Yo siempre estoy en vilo,
tú siempre te desplomas,
yo soy de aceite y vino,
tú de cristal de roca.
No sé... por qué,
al revorver una silla
quiso er destino juntarnos.
No sé... por qué,
era una noche divina
y ella debió de engañarnos.
No sé... por qué,
lo que nació para eterno
queda ya en triste batalla,
junto Gloria e infierno,
y, cara y cruz de una medalla.
No sé... por qué,
ay, no sé por qué.
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